Elevó la voz con fuerza y afirmó que la intervención de la delincuencia en los procesos electorales es ¡palmaria y evidente! Ese tono del presidente Calderón preocupó por la posibilidad de que en las elecciones de julio próximo se repita la historia de Michoacán, donde su hermana Luisa María culpó al narcotráfico de presionar a los electores para votar por el PRI.
Fue la expresión de enojo emitida por el primer mandatario en el acto del Campo Marte, donde el domingo pasado se esperaba un lleno de 12 mil invitados y no llegó la cuarta parte. En el discurso de 80 minutos dedicó la mitad al trauma sexenal, la delincuencia organizada.
Anteayer, en un inesperado homenaje a las ocho víctimas del helicóptero accidentado, en el cual viajaba quien era secretario de Gobernación, Francisco Blake, el Presidente calificó de héroe y mártir a Ricardo Guzmán, alcalde de La Piedad, Michoacán, muerto el 2 de noviembre pasado cuando repartía propaganda.
El titular del Ejecutivo manifestó otro enojo, ahora porque no reaccionan sociedad, legisladores y partidos políticos, “incluso el PAN”, por el homicidio de Guzmán. Exigió “una y otra vez, diariamente, martillar y martillar esa verdad hasta que quede clara y contundente, totalmente plasmada en la conciencia nacional”.
Afirmó Calderón que la delincuencia perjudica a sus mejores alcaldes, los del PAN. Preguntó: ¿a quién beneficia la acción de los criminales y a quién perjudica? Quedó evidenciado el propósito presidencial de colocar a su partido como víctima del hampa, en beneficio de otros, en particular el PRI. Luego, la entrevista con López-Dóriga para abundar en el mismo tema.
En este sexenio han sido asesinados otros 27 presidentes municipales, sin contar a Guzmán, y el primer mandatario no se conmocionó por ellos como lo hace por el abanderado de su partido, transcurridos 34 días del homicidio de La Piedad. Al PRI le han asesinado a 18 alcaldes y no hubo duelos.
Obvio, los cárteles de las drogas querrán imponer a incondicionales en el Congreso y en la Presidencia de la República misma. Sus dominios en amplias regiones de la república les facilitan esa posibilidad y el primer mandatario lo reconoce.
QUEDÓ CLARO, ABSOLUTAMENTE, en el video en que un narcotraficante de La Familia Michoacana conminó a los votantes de Tuzantla, Michoacán, a no votar por el candidato a alcalde del PRD, ¡porque ello ayudaría a la mafia de Los Templarios! Esto favoreció al abanderado del PRI, pero no era el propósito de los delincuentes, sino dirimir un pleito entre ellos.
Sin embargo, Luisa María Calderón recurrió a ese ejemplo y pretendió la anulación de los comicios tarascos por el supuesto apoyo del narcotráfico al partido tricolor. Esto podría suceder en las elecciones del 2012.
Si el priísmo o la alianza de López Obrador se imponen en entidades con fuerte presencia narcodelictiva como Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León, Durango, Baja California, Sinaloa, Zacatecas, Michoacán, Guerrero, Veracruz y algunas otras, bastaría a los delincuentes o falsos testigos mencionar la intervención del hampa en las elecciones para que el PAN exija la anulación de las mismas. ¿Ése es el propósito?
Sorprende el énfasis del presidente Calderón sobre la posible intervención del crimen organizado en los comicios, en estos momentos, y su exigencia a los partidos a “no permanecer silentes u omisos”. ¿Pero qué pueden hacer para impedir cualquier maniobra electoral delictiva?
Si algún dirigente político de equis estado del país se pone de acuerdo con los seguidores de El Chapo Guzmán o de Los Zetas para llevar a cabo el juego sucio electoral, antes o durante la realización de las votaciones, ¿quiénes son los avezados investigadores capaces de descubrirlo?
El Presidente dirige renovados ataques a gobernadores, alcaldes y al Congreso. A éstos porque no aprueban leyes como él las quiere. No olvidó la “pasividad” de regímenes anteriores, lo cual permitió la expansión de los cárteles. Ni “algunos” críticos escaparon de las andanadas. Todos somos culpables, menos el gobierno.
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